El barrio de San José Obrero ya tiene biblioteca, y se llama “El silencio de las palabras”. Y el nombre no lo eligió nadie desde un despacho: lo eligieron las propias niñas y niños del barrio, en un taller del Colegio San José Obrero. Porque pocas cosas hacen tan suyo un espacio como haberle puesto el nombre.
La inauguración, celebrada el pasado jueves, fue mucho más que un acto protocolario: fue una fiesta de barrio en toda regla. Empezó en la calle, con una ruta por el barrio —payasos incluidos— para invitar a vecinas y vecinos a conocer su nueva biblioteca. Nada de abrir puertas en silencio: aquí se avisó recorriendo las calles, llamando a la gente a participar.
Y dentro del centro, la celebración continuó. Hubo talleres, cuentacuentos y mucha diversión para grandes y pequeños. Una tarde en la que la biblioteca se estrenó como lo que quiere ser: no un sitio callado donde solo se guardan libros, sino un lugar vivo, de encuentro, donde el barrio se junta y comparte historias.
Porque eso es, al final, una biblioteca de barrio: un espacio común. Un lugar donde la infancia descubre el placer de leer, donde las familias encuentran un rincón tranquilo, donde la comunidad se reúne. Y este, además, nace con un valor añadido: ha sido pensado, nombrado y estrenado por el propio barrio.
La inauguración fue posible gracias al trabajo conjunto del Grupo de Participación Vecinal, la Mesa de Infancia, el Colegio San José Obrero, el Ayuntamiento de Alcantarilla y AYE. Un ejemplo más de que, cuando las entidades y las vecinas y vecinos reman en la misma dirección, el barrio gana.
“El silencio de las palabras” ya está abierta. Ahora toca llenarla de vida: de lecturas, de cuentos, de encuentros. Y para eso, el barrio entero está invitado.











